El Poder de nuestras emociones

Sentir. Emocionar. 
¿Habrá algún poder en las emociones, en el sentir? ¿cuál será ese poder? 

Vivir en nuestro cuerpo nos da la posibilidad de emocionar. Las emociones se encuentran también en nuestro cuerpo y nos predisponen hacia una determinada dirección, para realizar ciertas acciones. Para ello las emociones nos proveen de una cierta energía.

Parece entonces que preguntarnos por la vida que queremos vivir, se encuentra relacionado con las emociones que necesitamos sentir. Sin embargo, en nuestra cultura occidental nos han enseñado que mantenernos abiertos y receptivos a nuestras emociones y nuestro mundo emocional puede ser sinónimo de debilidad a falta de carácter.


En mi carrera como abogado, por casi 20 años aprendí a controlar mis emociones, a no mostrarlas, a sentarme a una mesa de negociaciones y por cara de poker, de forma de asegurarme que la contraparte no se enteraría de mis emociones. Esto me llevó a anularlas, de tal forma que mi vida se rigidizó al sacar de ella un ámbito tan importante y necesario para vivir como humana, como mujer que siente, a utilizar las emociones a m,i favor, a habitarlas, reconocerlas y aprender para qué estan ahi.
Aprendemos esto: "cuanto menos sientas mejor" y "si puedes no mostrar lo que sientes a los demás sería lo óptimo". Como consecuencia no aprendimos a sentir, no nos enseñaron de nuestras emociones innatas o básicas que son las que nacen con nosotros: miedo, tristeza, rabia, erotismo, ternura y alegria. No sabemos que son inevitables y que se aprenden por inmersión, si! por inmersión, como los buzos, hay que meterse, senrirlas y quedarse ahi un rato para conocerlas, saber que se siente, como se siente, qué cosas me permite hacer esa emocion y cuales no.
Entonces al igual que con nuestro cuerpo, terminamos por desconocer lo que sentimos, dejando de lado el mensaje que nos trae una emoción concreta y el posible curso de acción que tendríamos disponible.


Recuperar y reencontrarnos con el poder de las emociones significa reconocer que hay una sensibilidad que nos acompaña y que mientras la desconocemos o la queramos dejar de lado, no podremos conectar con el poder que nos provee nuestro mundo emocional, que por cierto es diferente para cada ser humano.
Mantenernos abiertos a nuestras emociones es mantenernos abiertos a los que sentimos y también a lo que otros experimentan y sienten.

Silvia


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